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  • Rita

Mente


La mente es poderosa.

Y cuando digo poderosa, me refiero a realmente capaz de llevarnos a lugares que creíamos no poder alcanzar, nos acerca a aquello que creíamos fuera de nuestras posibilidades.


Yo no tenía idea de esto más allá de toda la literatura que hay al respecto. Todos los textos que la romantizan y los textos científicos que la explican, nos abren una gran luz a través de lo que como humanidad hemos concluido de nuestra experiencia con "la mente". Pero es distinto cuando lo experimentamos en primera persona.


Todo el tiempo estamos experimentando algo con nuestra mente, pero el hacerlo de manera consciente, vaya, es casi mágico. Casi.

Fue hasta que me enfrenté a un problema que me exigía una solución, casi de vida o muerte, que realmente experimenté su poder.


Yo ya tenía una consciencia propia, un diálogo interno, pensamientos. Todos ellos sucediendo sin orden aparente. Eran como el agua fluyendo de una manguera con la llave abierta a la que nadie le presta atención.


Simplemente fluyendo.


Y justamente como esta agua que solo se evapora, o que sirve para germinar una semilla, así mis pensamientos podían simplemente desvanecerse o ayudar a crecer algo. Pero nada pasaba de manera intencionada. Existía una consciencia, sí. Pero esa llave estaba abierta. Y seguir el rastro de cada gota, era cansado e imposible. Muchas de ellas llegaban a lugares de los que no me daba cuenta y algunos llegaban justo a donde esperaba.

Pero era casi azaroso este proceso.

Y también era doloroso. Sufría cuando algo no llegaba a donde quería, y sufría cuando no podía parar cierto flujo que estaba alimentando una "semilla" equivocada.

A veces simplemente sentía que mis pensamientos me torturaban.

A veces mi mente se convertía en mi peor enemiga, y muchas veces me encontré en situaciones que no podía frenar porque mi mente seguía alimentándolas. Era como gasolina a un incendio.

Ejemplos de esto eran los dramas. Había mucho drama en mi vida. Mi mente simplemente alimentaba un argumento porque podía. Mi mente simplemente seguía un camino que parecía tan real, que era una gran manera de explicar los acontecimientos. Me era lógico. No le veía falla.

Algo muy parecido sucedía con mi ansiedad. Era una persona realmente ansiosa. He padecido de ansiedad social y trastorno de ansiedad en general. Y una vez que mi mente se volcaba sobre una creencia, no había modo de pararlo. Simplemente seguía y seguía.

Hasta que bordeaba lo absurdo, entonces ya estaba tan enganchada emocionalmente a la idea, que sin importar lo irracional, solo podía reaccionar emocionalmente.


Y justamente con el tema de la ansiedad te contaré cómo es que sé ahora que la mente es realmente poderosa. Y que cada quien no es su mente. Y que la mente es un instrumento más con el que contamos como individuos. Pero un instrumento muy poderoso.

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