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  • Rita

¿Qué le pides a la gente para poder estar con ellos?



Yo era el tipo de persona que esperaba cosas de los demás.

Me era fácil solicitar a los demás "pequeños favores" que, según yo, no iban a significar un peso en sus vidas.

Así me lo explicaba.

Si hacer tal cosa no va a hacer una diferencia en su vida ¿por qué no lo harían?

Cuando alguien se negaba, me enojaba y le reclama, le decía que estaba siendo egoísta, que no le costaba nada hacerlo y que solo se negaba para irritarme.

Esto pasaba con cosas de la vida diaria, como "pásame ese objeto". -"¿por qué no lo tomas tú? ", "porque tú estás más cerca".


"¿Puedes pasar a comprar esto?

- Pero voy directo a casa

- Te queda de camino, solo tienes que detenerte en la tienda

- Estoy cansada, ¿puedes pasar tú después?

- ¡Qué te cuesta!

- Ya quiero llegar a casa"


Pide esto demasiadas veces a una persona atenta y se terminará fastidiando.


Esto solo fue el comienzo porque, después de un tiempo, cuando tuve ansiedad, me sentía realmente limitada en mi día a día y solicitaba a las personas que hicieran cosas por mí. Ya no eran tan simples las cosas que solicitaba y yo sentía que no podían negarse porque yo tenía una situación que me impedía hacerlo y los demás no. Los demás no tenían ese impedimento así que, ¿por qué no me harían ese favor?

Esto escaló rápidamente, porque ya no solo solicitaba cosas, sino que tenía una visión de cómo debían ejecutarse las cosas e instruía a los demás a hacerlo de acuerdo a mis estándares. No solo eso, también les daba un sermón sobre por qué mi método era mejor. La verdad es que mi ansiedad me daba rasgos de trastorno obsesivo compulsivo, así que me enganchaba en detalles que para los demás no eran importantes.

Y yo exigía cantidades de comprensión. ¿Por qué no me la darían si yo tenía esta fijación? Para mi era importante.


Debo aceptar que no le exigía esto a cualquiera. Sabía que no podía tocar a nadie que estuviera fuera de mi circulo cercano. No esperaba nada de ellos, no les exigía nada.

Cosa totalmente diferente con mi círculo cercano. A aquellas personas que demostraban amor, cercanía y compromiso conmigo, les pediría que hicieran estas cosas por mí.

Las hicieron un par de veces, muchas veces pero, ¿cuánto puedes tomar de la vida de los demás?

La verdad es que puedes tomar mucho. En nombre del cariño, del cuidado, del afecto, la gente empuja sus límites para complacer. Pero eso simplemente no puede durar para siempre. Y no debe. Los demás no pueden ser proveedores de lo que tú mismo no puedes hacer. Pueden ayudarte en momentos de necesidad de manera eventual, no de manera cotidiana.


Así que, poco a poco fui reflexionando acerca de eso.


Darme cuenta de esta situación no fue tan fácil como simplemente reflexionar unas tardes tranquilas. Tuve que templarme y tener la convicción de hacer las cosas diferentes, porque mi vida personal estaba siendo destrozada por estas solicitudes, entre otras cosas.

Simplemente, yo no podía dejar en las manos de los demás mi bienestar, ni mi felicidad, comodidad ni seguridad. Tampoco podía dejarle ese peso.

Uno de mis motores más importantes era ser independiente y poder ayudar a quienes quiero.

¿Cómo ser independiente si no puedo proveerme de lo necesario?

¿Cómo ayudar si los demás tienen que ayudarme a mí?


Una de las cosas que pude percibir en toda esta situación , es que detrás había mucha inseguridad y que yo no creía en mí. No me sentía capaz de hacer las cosas por mi cuenta, me sentía débil, pequeña, ignorante y con la idea de que tomaba muy malas decisiones. No confiaba en mí misma ni en mis competencias. Tampoco estaba realmente comprometida conmigo misma.

Son temas que, ahora reflexiono y me da pena por la persona que era, sin poder reconocer mis habilidades y talentos, sin confiar en mi capacidad, dejando que la vida fluyera en cualquier dirección.


Así que comencé a forjar un compromiso conmigo misma. Comencé a escuchar la voz en mi interior, a alentarla a opinar, a decidir, a tomar iniciativa. Fue un ejercicio que hacía diariamente de manera consciente. Cada vez iba más lejos. Cada vez lograba dar un paso fuera de mi confort para hacer algo que me ponía en duda. Analizaba más las cosas, hacía planes, hacía planes alternativos y me concentraba en el momento también.

Aprendí a ser amable conmigo misma, a no darle oportunidad a la crítica destructiva que señalaba cada equivocación y hacía de eso un tema.

También comencé a consolarme. Antes, dependía de los demás para obtener consuelo, cuando tenía un malestar, acudía a alguien para que me lo resolviera. Ahora soy capaz de regresarme a la tranquilidad, a calmarme, a centrarme y tener esta conversación interna para no desbordarme.


Este proceso no ha sido de un día a otro. Es un camino de descubrimiento porque realmente desconocía mucho de mí misma. También de construcción, porque muchas cosas no estaban ahí y había que desarrollarlas y sacarlas a veces de la nada.


Y disfruto más las relaciones. Ya no dependen de lo que hagan o no los demás por mí, soy más autosuficiente y tomo mejores decisiones. No tengo que esperar nada de los demás, me sorprendo si alguien hace algo por mí pero si no es así, no es un tema que me ponga en jaque.


Es conocer una nueva manera de vivir, las cosas toman un matiz diferente, la vida cambia.

No te digo que será fácil, porque realmente nada es fácil. Pero uno siente una plenitud que nada externo puede reemplazar. Hay tranquilidad y claridad.

Y uno comienza a actuar desde un lugar muy diferente, no solo es reaccionar automáticamente, la vida adquiere un propósito.

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