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  • Rita

Ser uno mismo



A veces comenzamos a ser nosotros mismos después de que la vida nos ha arrastrado, nos ha dicho que así no, nos ha hecho ver que de apariencias y de fingir jamás llegaremos a un lugar en el que nos sintamos como en casa.


A veces comenzamos a ser nosotros mismos como último recurso, cuando debería ser el primero.


La sociedad nos ha querido moldear. Nos ha dado "fórmulas mágicas" con el fin de encontrar la tan anhelada plenitud, paz, éxito. Y lo que muchos conseguimos con esto es transitar por un camino arduo, realmente difícil, doloroso.

Las cosas que más trabajo nos cuestan y que más nos hacen sufrir, son aquellas que hacemos por compromiso, aquellas que no sentimos propias, que no queremos, que no son parte de nuestra naturaleza.

Muchos hemos sentido la presión de hacer algo como se supone que debería de ser hecho y así perdemos la capacidad de experimentar, de asombrarnos, de inventar, de crear.

Vamos por la vida pidiendo la aceptación de los demás para dar un paso, siempre atentos a la mano que nos alienta con una palmada en la espalda o nos rechaza con una bofetada. Trabajamos por los intereses de los demás, siempre con la esperanza de ser aceptados y muchas veces, con la condición de ser amados.

Qué difícil es tener sobre nosotros esa condición de actuar bien o mal para recibir afecto de quienes se supone que deberían amarnos incondicionalmente. Qué difícil es aceptar algo para que aquella persona que amamos se sienta segura sobre nuestra integridad.

No deberíamos ser juzgados por aquellas cosas que nosotros no podemos elegir, comenzando con los atributos físicos y continuando con los gustos y elecciones exclusivas de la individualidad.

Qué bueno sería conocer todo lo que hay dentro de la persona que tenemos enfrente antes de tratar de moldearla o de condicionarla para aceptarla.

Habría menos personas inclinadas a fingir.

Habría menos personas heridas.

Habría menos personas avergonzadas.

Habría menos dolor.


Por eso es tan importante explorar nuestra vida más allá de los ojos de los demás. Tener tiempo con nuestra mente, conocernos desde ese espacio donde no hay juicios.

Este proceso es intimidante, como nadar por primera vez sin chaleco salvavidas en el mar. Mucho de esto a causa de las creencias que se han permeado en nuestras mentes de manera paulatina, tales como que solo a través de horas de meditación sentados en un tapete de yoga podemos acercarnos a este espacio en nuestra mente, o que solo a través de la religión, o que es a través de un algo exclusivamente que podemos acceder a esto.

A muchos nos ha costado años, y nos sigue costando, sobrepasar todas estas expectativas y requisitos para forjarnos algo que se parece más a un camino propio que al modelo dado. Sin importar cuánto nos tome, hay que comenzar a ser críticos de lo que escuchamos y vemos, a hacernos responsables de nuestro bienestar, a tomar decisiones sobre nuestra vida, a cuidar de la persona que somos, a apreciarnos como el ser individual que somos lejos de nuestra familia, sin referenciarmos a un origen, edad, género.

Entonces las cosas fluyen. Deja de costarnos mucho el hacer las cosas, nos sentimos motivados, con energía. También nos sentimos tranquilos, caminando a nuestro propio ritmo.


Yo recomiendo esta experiencia.


En principio, necesitamos ser honestos. Realmente honestos. Hay que observarnos en el día a día, enfocarnos en aquello que nos está costando trabajo y preguntarnos si eso que hacemos nos llena y si de verdad sirve a un propósito que deseamos alcanzar. Pregúntate quien se beneficia de tus acciones. Si antes de ti, se beneficia alguien más, necesitas cambiar tus prioridades.

También pregúntate si en el proceso para lograr algo, aunque sea una meta del día, necesitas que alguien más haga algo por ti. Si es así, también necesitas ajustar tus acciones, porque podrías frustrarte. A menos de que esa persona sea confiable, haya probado estar en sintonía contigo y esté de acuerdo en trabajar juntos, es probable que te "falle" de alguna manera.


Eventualmente, vas a llegar a una pregunta específica: ¿Puedes estar contigo mismo? ¿Puedes disfrutar de algo en soledad? ¿Hay algo que realices aún cuando no tengas compañía?

Puede ser que de pronto, estés buscando beneficiar a alguien más antes que a ti mismo y que estés necesitando de compañía porque no te es posible lidiar con la soledad.

La necesidad de compañía es una de las más peligrosas.


Así que, antes de seguir adelante en tu camino a ser tu mismo, necesitas resolver esas preguntas, o de otro modo, podrías terminar sirviendo a la vida de alguien más, y no viviendo tu propia vida.

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