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  • Rita

Un hogar abarrotado



Nos acostumbramos a vivir en la incomodidad, muchas veces no sabemos decir de dónde viene pero, mira a tu alrededor ¿Qué ves?

¿Cuántas de las cosas que ves a tu alrededor no funcionan?

¿Cuántas no has usado desde hace tiempo?

¿Qué cosas has comprado y jamás has usado?

Tenemos muebles para poner esas cosas con las que no sabemos qué hacer.

Las almacenamos.

Las ignoramos.

Dejamos que se amontonen.

Dejamos que se hagan viejas, que acumulen polvo.


Cuando volteamos a nuestro alrededor, apenas queda un pequeño espacio para ser. No podemos caminar con facilidad, no podemos estirarnos, no podemos hacer ejercicio, no podemos hacer nada sin "pedirle permiso a las cosas". Básicamente somos invitados en una casa que le pertenece a los objetos.

Muchos hemos romantizado el conservar las cosas. Lo que comienza siendo un recuerdo de un momento muy especial avanza hasta convertirse en un desfile de cosas que recuerdan cada pequeño evento significativo. Nos convencemos de que necesitamos de esas cosas para conservar el recuerdo de los buenos momentos.

Eso nos dice que hemos dejado de tener buenos momentos desde hace tiempo. También quiere decir que necesitamos poseer. Si bien la felicidad y la alegría no se pueden poseer materialmente, damos esas cualidades a las cosas y llegamos a conservar nimiedades, aferrados a ellas y tal vez temerosos de que no volvamos a tener momentos felices.

El tiempo convierte esas cosas en guardapolvos, objetos estáticos que no avanzan pero que tampoco están en este momento ya que no son útiles. Ni siquiera nos alcanza el tiempo para apreciarlos. Y si tenemos el tiempo suficiente para contemplarlos, entonces estamos dejando de vivir el presente y le estamos dando demasiada atención al pasado.




Hay otros casos en los que la gente dice que conservan cosas por practicidad. Guardan mucha herramienta, tecnología en desuso, pedazos de cosas que podrían tener un uso alternativo. Guardan ropa, zapatos, envases. Estas personas siempre están con la idea de que en algún momento van a utilizar las cosas aunque ya han pasado años y no ha sido así.

Viven con el temor del futuro y la incapacidad para responder a él. Tal vez su vida ha estado llena de carencias y solo resuelven esa situación con la falsa sensación de tener cosas. Son personas que toman gran parte de su presente preocupados por el futuro, previniéndose para situaciones que no tienen manera de predecir.





Hay un caso más. Es el caso de las personas que conservan las pertenencias de sus seres queridos que han partido ya de este mundo. Ya sea que mantienen las habitaciones y objetos tal cual estaban cuando ellos aún vivían o que las mantengan en casa, almacenadas o a la vista.

El primer caso trae a la mente la idea de que están esperando, como si la persona solo se hubiera ausentado por un tiempo y regrese. Tal vez de manera consciente sepan la verdad, pero en sus emociones mantienen esa espera, no les es posible lidiar con sus emociones al respecto y no toman acción. En la segunda opción, es como un proceso de empacar y guardar para lidiar con eso después. La idea de comenzar el proceso de dejar ir las cosas es demasiado grande y terrible como para enfrentarlo y lo dejan para después.




Sea cual sea el caso, la realidad es que tu hogar está abarrotado. Y no solo abarrotado por cosas, sino por cosas que parecieran tener energía propia, cargados de emociones, íconos de algo, pero no de algo positivo sino de algo que resulta negativo. Son íconos de alegrías pasadas pero también de las alegrías que no estamos viviendo ahora, íconos de abundancia pero que solo nos recuerdan la sensación de imposibilidad por afrontar un futuro incierto, íconos de alguien a quien amamos mucho pero que ya no está y que no sabemos cómo comenzar a manejar ese hecho.

No solo se trata de las cosas que representan, se han vuelto más grandes que nosotros y que nuestro bienestar.



Y nada es un problema hasta que es un problema. Nos encontramos esquivando cosas todo el día, acomodando nuestra vida para cederles espacio, dándonos por vencidos a la hora de la limpieza porque tenemos más cosas de las que podemos mantener y limpiar. Y poco a poco, aquello que pudo ser una colección de recuerdos felices, cosas útiles y recuerdos sutiles, comienzan a ser una carga, enfermedades, mala imagen y un peso mental que llevamos a cuestas día a día.


Todos sabemos en el fondo cómo se ve y se siente el bienestar. Es iluminación, es espacio para estirarnos, es limpieza, es claridad, es libertad de movernos, es sonreír a nuestro alrededor, es comodidad. Así que, si estás en tu casa y no tienes nada de esto, si constantemente estás justificando el por qué conservar las cosas con frases como "mañana lo arreglo, son cosas importantes, deben quedarse aquí, tal vez las necesite", estás frente a una situación negativa y potencialmente dañina.

Un día dejarás de tener tiempo para mantenerlo, dejarás de tener los recursos para arreglártelas y vivir con eso y entonces, serás prisionero de esas cosas.

Por eso, es importante realizar limpieza con regularidad, definir qué objetos esperas conservar y cuáles dejarás ir, ser selectivo con aquello que dejas entrar a tu casa y quedarse.



Quédate con aquello que quieres tener en tu vida y saca lo que no aporta a esa vida que quieres.


Comienza a lidiar con las emociones que has vertido en los objetos y déjalos fluir. Algunas cosas podrán ser aprovechadas por alguien más, algunas cosas ya dejaron de tener una vida útil. Mueve tu energía de las cosas y empléala en tu vida ahora, en el presente.


Recuerda que nada nos quita tanta energía como no aceptar las cosas tal y como son.


Hazte espacio para vivir, date la oportunidad de crecer a tu alrededor, de ser.


Comienza a sentirte a gusto en tu casa viviendo ligero.

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